Déjame contarte una historia que parece guion de película de serie B, pero es real.

Un tipo que trabajaba entre bambalinas para el creador de contenido más grande del planeta — MrBeast, para quien vive en Marte — tenía acceso privilegiado a información que valdría oro en el mercado correcto. Títulos de videos. Fechas de lanzamiento. Datos que el público en general simplemente no tenía.

¿Y qué hizo con eso?

Apostó. En Kalshi.


Kalshi, para quien no la conoce, es una plataforma americana de mercados de predicción — los llamados prediction markets. No compras acciones de una empresa. Compras contratos que apuestan sobre eventos: quién va a ganar la elección, cuál será el dato de inflación, si ese video va a superar X visualizaciones.

Es el mercado financiero encontrándose con la casa de apuestas, con una pizca de legalidad regulatoria que pone nervioso al establishment.

Y es exactamente ahí donde entra nuestro protagonista.


Según lo que la propia Kalshi reveló, el editor en cuestión habría usado información interna — el tipo de cosa que solo sabe quien trabaja desde adentro — para posicionar apuestas en los mercados de predicción relacionados con el canal de MrBeast.

¿Sabes cómo se llama eso? Insider trading. El mismo delito que manda a ejecutivos de Wall Street a la cárcel.

Pero espera — hay una capa aquí que el periódico serio no te va a contar.

El mercado de predicciones es nuevo. La regulación es nebulosa. Y Kalshi tuvo que salir a resolver esto por su propia cuenta, antes de que el escándalo se convirtiera en titular y quemara la reputación de toda la plataforma. La empresa no se quedó esperando a que apareciera la SEC. Ella misma investigó, identificó y expuso el caso.

Eso, paradójicamente, es una buena señal. Significa que el sistema de vigilancia interno funcionó.


Ahora voy a ser honesto contigo.

Lo que hizo este editor no es diferente, en esencia, de lo que pasa todos los días en los mercados tradicionales. Analistas que saben de fusiones antes del anuncio. Ejecutivos que venden acciones días antes de un balance malo. Asesores que le susurran a los clientes correctos antes de que la noticia se filtre al público general.

¿La diferencia? En esos casos, es más difícil probarlo. El ambiente es más opaco. Los abogados son mejores. Y los culpables generalmente tienen apellidos que aparecen en juntas directivas.

Un editor de video de YouTube apostando en Kalshi con información privilegiada es fácil de atrapar porque dejó rastro digital y no tenía el ejército de abogados de un CFO de empresa que cotiza en bolsa.

Nassim Taleb diría: skin in the game funciona en los dos sentidos. Cuando ganas con información que los demás no tienen, también cargas con el riesgo de responder por eso.


Hay otro punto aquí que merece atención.

MrBeast es una empresa disfrazada de canal de YouTube. Tiene operaciones, contratos, equipos, estrategias de lanzamiento. La información sobre el próximo video es, literalmente, información corporativa sensible. Cuando un empleado usa esa información para beneficio financiero personal, el problema no es solo ético — es estructural.

Y a medida que los prediction markets crecen y se institucionalizan, este tipo de casos se va a multiplicar. Va a haber más gente intentando la misma jugada. Con activos diferentes. Con eventos diferentes. Con información privilegiada sobre política, entretenimiento, deporte, tecnología.

El mercado de predicciones es el próximo frente de la guerra contra el insider trading. Y la mayoría de la gente todavía ni se ha dado cuenta de que esa guerra comenzó.


Kalshi hizo lo correcto al exponer el caso. Pero la pregunta que queda en el aire es más incómoda que la respuesta.

Si el mercado de predicciones va a crecer en serio — y va a crecer — ¿quién va a fiscalizar a los insiders con acceso a información que ninguna SEC del mundo sabe todavía cómo clasificar? ¿Quién regula al editor que sabe que el video va a explotar? ¿Al asesor que sabe que el político va a hacer el anuncio antes de que abra el mercado?

La tecnología siempre corre más rápido que la regulación.

Y los oportunistas siempre llegan antes que los fiscalizadores.

¿Apostarías a que esto va a terminar bien?