¿Sabes esa escena de película de desastre donde el tipo mira al mar y el agua retrocede? Todos en la playa lo ven bonito, sacan foto, lo suben a Instagram. Pero el que entiende sabe: el agua retrocediendo es la señal de que el tsunami viene en camino.
Pues sí. La inflación de febrero en Estados Unidos salió "estable". Sin grandes sustos. Los analistas de traje y corbata de los grandes bancos fueron a la tele a decir que "el escenario es benigno", que "la desinflación sigue su curso". Bonito en el papel. Pero hay un detalle que esa gente convenientemente se olvida de mencionar — o lo menciona bajito, en la letra chiquita al pie de página, esa que nadie lee.
El dato de febrero es retrovisor. Y en el retrovisor no aparece el camión que viene en sentido contrario.
Lo que el número dice — y lo que esconde
La inflación medida por el CPI estadounidense en febrero no trajo grandes novedades. Variación contenida, núcleo dentro de lo esperado, nada que le provocara un infarto al mercado. Hasta ahí, todo lindo.
Solo que los precios de energía — petróleo, gas natural, electricidad — pasaron por una escalada significativa en las últimas semanas que todavía no está reflejada en ese dato. Febrero es una foto vieja. La realidad de marzo es otra.
Es como mirar el estado de cuenta de enero creyendo que eres rico, mientras la tarjeta de crédito de febrero ya explotó y todavía no te llegó el resumen.
Energía: el elefante en la sala que nadie quiere ver
Los precios de energía son esa variable que el economista llama "volátil" para justificar por qué la excluye del núcleo de la inflación. Conveniente, ¿no? "Ah, vamos a sacar comida y energía porque son volátiles." Carajo, ¡son justamente las dos cosas que el ser humano más necesita para vivir!
Nassim Taleb diría: si tu modelo necesita excluir la realidad para funcionar, el problema no es la realidad — es tu modelo.
La verdad es que esta alza en los precios de energía funciona como un impuesto invisible. Encarece el flete, encarece la producción industrial, encarece la cuenta de luz de la panadería de tu barrio. Y todo eso, con retraso, aparece en la inflación general. Siempre aparece.
La Fed está acorralada
Jerome Powell y sus colegas del Federal Reserve están en esa posición que en el poker se llama "drawing dead" — poniendo cara de que tienen juego, pero sin una buena carta en la mano.
Si la inflación de febrero salió estable, el argumento para recortar tasas cobra fuerza. El mercado quiere recorte. Wall Street suplica por un recorte. Pero si marzo y abril vienen con la energía presionando el CPI al alza, la Fed va a tener que tragarse el sapo y mantener la tasa. O peor: señalar que el recorte va a tardar más.
Y ahí, amigo mío, ese rally de acciones basado en la expectativa de tasas bajando, ¿en qué se convierte? En polvo.
Warren Buffett ya lo advirtió: "Solo cuando baja la marea descubres quién estaba nadando desnudo." La marea de las tasas altas todavía no bajó. Y hay mucha gente en cueros por ahí.
Qué significa esto para tu bolsillo
Si eres inversionista brasileño, pon atención. Tasa estadounidense alta por más tiempo significa:
- Dólar más fuerte — presiona al real, encarece las importaciones, presiona la inflación acá también
- Menos apetito por riesgo — el gringo saca dinero de mercados emergentes (léase: Brasil)
- La Selic queda rehén — el Banco Central brasileño tiene menos espacio para recortar si la Fed no recorta primero
Ese cuento de "ah, el ciclo de recortes va a empezar en junio" se puede convertir en "ah, tal vez en el segundo semestre... quién sabe a fin de año... si Dios quiere."
La pregunta que importa
El dato de febrero es bonito. Estable. Bien portado. Pero, ¿vas a basar tus decisiones financieras en una fotografía que ya era vieja el día en que fue tomada?
¿O vas a prestarle atención al rugido del tsunami que se acerca?
El agua ya retrocedió. La playa está expuesta. La pregunta es: ¿te vas a quedar sacándote selfies o vas a correr hacia lo alto?